(Por Mg. Manuel Garayar)

Se dice mucho sobre la «baja autoestima», sin embargo, suele definirse como pensamientos o creencias que se tienen que cambiar como requisito para vivir. Les compartimos la visión de ACTúa sobre este término tan manoseado y, creemos, no siempre abordado con precisión.
Muchas veces escucho en sesión o recibo consultas sobre cómo trabajar eso que las personas entienden por “autoestima”. Mi respuesta suele sorprender a las personas porque, naturalmente, no es lo que la cultura nos enseña. Lo que suelo decir es:
“La autoestima no se trata de sentirnos bien sobre nosotros mismos. La autoestima se trata de hacer cosas que nos hagan bien, y no de sentirnos bien como requisito para empezar a hacerlas”.
¿A qué me refiero con eso? A que desde pequeños nos enseñan que sentirnos bien con nosotros mismos depende de esa cualidad de poder pensar genial sobre nosotros.
Sin embargo, lo que la experiencia enseña es muy diferente: NADIE logra sentirse bien o pensar bien de sí de la nada -y menos para siempre- con solo quererlo. NADIE tiene “borrador de pensamientos” ni “varita mágica que desaparezca emociones desagradables”.
En otras palabras, no hay “corrector de autoestima” interno. No tenemos emociones y pensamientos bajo nuestro control al 100%. Un pensamiento “bonito”, no resta inmediatamente uno que no nos gusta.
Sin embargo, y aquí radica el problema: Adivinen qué es lo primero que hacemos las personas cuando nos sentimos mal con nosotros mismos. Justamente eso: Tratamos de pensar en cosas “bonitas”, en “distraernos”, en “enfocarnos en lo positivo”, en decirnos “tan mal no lo hice” y demás frases que buscan disminuir el malestar que sentimos respecto a nosotros mismos.
Pues bien, miren en su experiencia –no en lo que nos gustaría que fuera- y respondamos con honestidad: ¿Realmente lo logramos? ¿Nos sentimos mejor con nosotros mismos más allá de ese momento de auto-elevación o de distracción respecto al malestar? ¿Nos sentimos mejor tras haber callado el malestar con videojuegos, argumentos llenos de ego, alabanzas de terceros, sexo, alcohol, trabajo u alguna otra cosa que usamos para “doparnos”? Y si lo logramos, ¿por cuánto tiempo dura?
Quizá logremos momentáneamente sentirnos mejor, pero a la larga, el malestar sigue allí. En otras palabras, esas cosas que no nos gusta pensar o sentir sobre nosotros, siguen visitándonos.
Luchar por no sentir malestar contraponiéndolo a pensamientos más “positivos” se parece a caerse en un hoyo y empezar a cavar para salir de él: Puede que lo hagamos con todo nuestro esfuerzo pero justo cuanto más intensamente lo hagamos, más profundo estaremos.
Y es que resulta que el problema no es sentirnos mal o pensar cosas desagradables sobre nosotros mismos, sino que no estamos hechos para “borrar” esos pensamientos y emociones que no nos gusta tener. Nuestro sistema nervioso nos va a mandar diferentes señales, y es absolutamente normal que así sea: sentir malestar es algo que forma parte de la vida de cualquier humano.
Imaginen a un muchacho que quiere patear tiros libres como los grandes futbolistas, como Cristiano Ronaldo, por ejemplo. El muchacho –que se llama Daniel- los patea, pues, como Daniel. Unos le salen muy bien y otros mal –aunque uno que otro le sale desastrosamente desviado- (como seguro nos pasa a ti y a mí en la vida con algunas cosas que nos proponemos).
¿Cuál creen que es la forma más efectiva para que este muchacho logre “sentirse bien” con su rendimiento y mejore cómo piensa de sí? ¿Creen que los intentos de sus padres o amigos de convencerlo a través de palabras serían el camino más directo para que cambie de opinión? ¿Creen que algo que se diga él mismo podría lograrlo? ¿Creen que si se juntasen todas las personas de la tierra y le dijesen que es el mejor lanzador de tiros libres del mundo, entonces empezaría a creérselo?.. Difícilmente esto ocurrirá de esta manera, salvo se auto-imponga un credo personal sobre sí, que puede quedar desmoronado con o sin participación de sus experiencias: Darle la contra a una historia llena de auto-crítica y auto-percepción tan negativa no es tan fácil. Si fuese así, las personas no traerían esta situación a consulta.
Sin embargo, si se ve día a día, dándolo todo por lo que tiene dentro de sí, por lo que valora y tiene significado para él… ¿No dormirá satisfecho de lo que hizo por sí? La constante práctica que sería parte de ese compromiso… ¿no lo pone en una mejor posición de hacerse bueno y verse a sí mismo progresando? ¿No dormirá tranquilo en la noche sabiendo que hizo todo lo que hizo para sí?
Independientemente del resultado, el orgullo habrá venido de mano del compromiso (siempre que se vaya trabajando en dicha persona la aceptación de que no siempre controlamos los resultados que obtenemos cuando nos comprometemos con algo). Darlo todo no equivale a obtenerlo todo. La autoestima no es más que el producto psicológico de vernos comprometidos y responsables para con aquello que nos enciende desde adentro.
No importa cuánto dolor sintamos, siempre podemos hacer algo que nos haga sentir orgullosos de nosotros mismos. Hasta con nuestra mente comportándose como una tribuna en contra, podemos pararnos frente a ella y demostrar a esa tribuna lo que podemos hacer aun con todo lo que nos dice en contra. El trabajo del psicólogo es enseñar a los clientes a responder a esa «tribuna en contra» mental mientras hace aquello que le pide su interior.
Somos mucho más que lo que nuestra mente nos dice. Somos mucho más que esa «baja autoestima». No necesitamos que esa «voz» deje de estar ahí, sino ponernos por encima de ella. Eso es, justamente, el mayor acto de amor propio que podemos realizar. La «buena autoestima» será sólo la consecuencia natural de habernos dado nuestro lugar en acciones frente a esos pensamientos y emociones de «baja autoestima».