(Por Mg. Manuel Garayar)

Actuar sin pensar demasiado puede ser útil muchas veces; sin embargo, no siempre es el caso.
Podemos tener un trabajo, una pareja, una familia. Desayunar e ir a trabajar. Trabajar, volver a casa y al final del día dormir. Podemos seguir esa rutina diariamente y repetirla, nos haga bien o no.
De hecho, muchas veces no nos detenemos a observarlo, en especial cuando algo o alguien nos inculcó que la forma en que hacemos las cosas es la forma de tener «éxito» o «ser feliz». Tiene sentido: nadie quiere sufrir ni fracasar. De ahí la fuerza que adquieren estos «guiones» que a veces seguimos de forma tan automatizada.
Lo cierto es que existen todo tipo de «guiones» para definir lo que es «correcto», «éxito» o «bienestar», y es la cultura en la que crecemos finalmente la que nos vende aquella que finalmente adoptamos como «verdad».
Sin embargo, ¿estamos, por lo menos, conscientes de si el «guión» sobre cómo debería ser la vida -ése del cual se desprenden nuestras acciones del día a día- realmente nos trae bienestar personalmente significativo? Muchísimas veces, acaso la mayoría, ni siquiera nos hemos detenido a pensarlo. No es tan raro hoy en día ver a personas viviendo de una forma muy poco consciente y casi automatizada.
Obedecer a estos guiones, seguirlos casi ciegamente, en modo automático a lo largo de nuestras vidas, pareciera lo normal. Esto ocurre en parte porque el entorno ha encontrado los medios para que aprendamos a seguir tal o cual guión de vida, premiándonos o castigándonos en función de nuestra obediencia o coherencia con el mismo (*).
Nada de esto significa que el «guión» que seguimos realmente nos genere bienestar; pero el entorno se asegura de que así lo creamos, puesto que nos deja claro, por diversas vías, que seguirlo es justo lo que se espera de nosotros (**). Y así es que acabamos viviendo en «automático» vidas que muchas veces no nos llenan de verdad o que, incluso, nos pueden estar consumiendo poco a poco.
Nos enseñan a sentir ansiedad o nos dicen fracasados o mediocres por no conseguir resultados coherentes con ciertos «guiones» o por no hacerlo con la misma ansiedad que la mayoría, acribillándonos desde pequeños con frases como «La vida es horrible cuando…». Y todo está bien si finalmente encontramos bienestar; pero ¿Qué ocurre cuando no? ¿Por qué seguir dejándonos llevar por estos «guiones»?
Otro hecho común es que pocas veces en nuestra infancia o adolescencia se nos enseña a descartar, priorizar o clarificar «guiones» en función del bienestar que nos genera, sino que esto ocurre predominantemente bajo un criterio de demanda social que tiene su origen en nuestros padres, que luego continúa el colegio, las iglesias, los partidos políticos, y hasta nuestras parejas (**).
Sin embargo… ¿es así de fácil la vida? Si fuese así, ¿por qué encontramos tantas personas -o incluso nos vemos a nosotros mismos- viviendo vidas que realmente no nos generan bienestar o paz interior? ¿Por qué si estoy haciendo lo que «se supone debería de hacer» no soy feliz? ¿Por qué mi «receta» de la felicidad está fallando tanto? ¿Por qué hay tanta gente en consulta que tiene «tanto para ser feliz» y sin embargo carga con tanto sufrimiento?
En otras palabras, ¿Por qué es tan común encontrarnos CRÓNICAMENTE INSATISFECHO con todo y con todos (incluidos nosotros mismos)?
Y es que la pregunta verdaderamente importante cuando se trata de los humanos es: «¿Estoy actuando consciente y libremente, de maneras que contribuyen no solo a mi supervivencia sino que -más allá de que sea socialmente valorado- me generan paz interior?»
En esta respuesta radica el eje y centro de nuestra salud mental… Pues aunque sea una tarea difícil, sólo teniendo presente ello es que podemos tener vidas donde nos sintamos satisfechos -incluso en presencia de malestar- y con una fuente de motivación estable generada por uno mismo (pues va «pegada» a nuestras acciones) y que no deteriora nuestra salud mental.
(*) Y a los humanos se nos entrena además para ser coherentes con lo que creemos, de modo que actuar de acuerdo a como pensamos -aunque a veces no nos convenga- es una de nuestras características como organismos verbales.
(**) Alguien lucra o se infla el ego con eso. Desde partidos políticos hasta grupos de intelectuales o económicos, que se deben a ideologías llenas de dogmas o de buenos negocios. Si es sinónimo de «éxito» tener un auto cada vez mejor, el consumismo nunca estará en peligro, rindiendo fuertes beneficios a ciertos sectores, como el sector automovilístico (y todos los vinculados a éste), por mencionar uno entre tantos ejemplos. Pero analizar esta cuestión en profundidad, así como sus aspectos favorables y desfavorables en razón de nuestra supervivencia y bienestar, va más allá del propósito del presente artículo.

Recuerda siempre que si estás haciendo tu mejor esfuerzo y aún así no logras experimentar bienestar más o de una forma más estable, NO eres el problema tú, sino tu estrategia. En ACTúa te ayudaremos a cambiar esa estrategia por una más efectiva y precisa que te permita acercarte a esa vida con sentido y plenitud que deseas, sin sufrir innecesariamente.
