
En este artículo aprenderás cómo evitar una crisis emocional dejando de hacer aquello que NO funciona y que más bien sobre-activa tu sistema nervioso.
En ACTúa, una y otra vez nos encontramos con esta inquietud de parte de nuestros clientes: «Trato de respirar y no me calmo, doctor». O también: «Hice lo que me enseñó otra psicóloga con la que estuve y no me relajo».
Puedes estar tranquilo. No estás «loco» o «loca». No es que algo está «mal» en ti, sino que los ejercicios de respiración NO SIEMPRE van a servir para calmarte instantáneamente en todos los casos.
Lo que ocurre es que el sistema nervioso no funciona como nos parece que «debería» funcionar. La verdad es que, muchas veces, es la desesperación que ponemos en calmarnos -junto a las constantes verificaciones de si el malestar «ya bajó»- lo que más bien activa, re-activa o sobre-activa a nuestro sistema nervioso.
Si ante la ansiedad respondemos con más ansiedad (desesperándonos porque la ansiedad se vaya), tu cuerpo -por así decirlo- no contacta con la experiencia de que «todo está bien» y que puede volver a reposo, sino que «interpreta» que algo malo está pasando. Por ello es que una respuesta de cotidiana de ansiedad o miedo puede acabar convirtiéndose en una crisis. En otras palabras:
Cuanto MÁS forzamos al sistema nervioso a «calmarse», cuanto menos probable es que ocurra.
Si te guías por tu experiencia sintiendo emociones a lo largo de tu vida… ¿Dirías que tienes realmente bajo control lo que sientes? ¿Realmente has encontrado una manera definitiva de «bajar» la ansiedad de forma casi perfecta y con la velocidad que deseas? Si revisas bien y con honestidad tus experiencias verás que no podemos «apagar» una emoción o «borrar»/»quitar» un pensamiento al 100% con nada que hagamos. Y eso no significa que algo esté «mal» en ti.
Los humanos somos seres que sentimos así no queramos sentir porque es parte de nuestra naturaleza:
Sentir NO está mal.
Lo que sí está «errado» son esos mensajes que escuchamos constantemente de que podemos «sentirnos bien» siempre y en todo momento. El malestar y el sufrimiento psicológico NO son algo que se puede echar a la basura como si de un envoltorio de chocolate se tratara. Y no importa en cuántos tik toks lo veas, en cuántos libros lo hayas leído, o cuán convincente se ve la persona que lo diga en YouTube. Recuerda que -a diferencia de lo que ves en internet- tu experiencia directa no te puede mentir.
Las crisis, por ello, son esencialmente la combinación de malestar “limpio” (ese que te visita porque simplemente pasa algo que lo activa en tu cuerpo, y es parte natural de estar vivo) con malestar “sucio” (malestar ADICIONAL, que es producto de nuestros intentos desesperados por no sentir malestar «limpio», y que sólo hace que nos desesperemos más al notar que NO PODEMOS controlar lo que pensamos y sentimos).
Este proceso se parece a estar en arenas movedizas y moverse desesperadamente para no hundirse: ocurrirá justo lo que no deseas que es hundirte más y, de hecho, ocurrirá más rápido, lo cual te hará sentir aún más desesperado.
La respiración funciona mejor cuando NO la usamos para CONTROLAR lo que sentimos, sino para darle a nuestro cuerpo la tranquilidad necesaria mientras el malestar psicológico que nos visita -y que no podemos «eliminar» así porque sí, al menos no sin hacernos daño- se va. Porque sí, se irá.
La respiración genera todos los beneficios documentados que reportan su eficacia cuando la usamos como una forma de anclarnos en el presente sin luchar contra aquello que no podemos controlar al 100% (la experiencia psicológica de malestar): Eso que no nos gusta sentir se irá… y ocurrirá más rápido cuanto menos hagamos para que se vaya.
Es importante que sepas que ningún malestar psicológico dura para siempre y, amparados en la evidencia científica (sumada a la experiencia clínica día a día con pacientes), no tenemos ningún indicio o prueba de que éste pueda matar a alguien. Ni siquiera tiene la posibilidad -al menos no en principio, si no llega a una crisis- de impedirte seguir con tu vida normalmente (aunque esté presente).
Siempre eres más que lo que sientes o piensas…No lo olvides.
El malestar es siempre un mensajero, a veces -o muchas veces- uno impreciso o quizá «exagerado» -a veces nos manda un señal de miedo o ansiedad ante cosas que no representan ningún peligro concreto pero que quizá por nuestra historia de vida nuestro cuerpo aprendió que sí estamos enfrentando un peligro y por eso se activa-, pero en ningún caso un pensamiento o emoción son nuestros «enemigos» o algo con lo que tenemos que «luchar» (aunque no se sienta «cómodo» o «bien» sentirlos).
El problema de fondo no es el malestar, sino que le tenemos miedo y respondemos con miedo al malestar. Eso es lo que convierte el malestar en sufrimiento, y eso es a lo que llamamos crisis, con todas las consecuencias que eso puede tener.

Recuerda siempre que si estás haciendo tu mejor esfuerzo y aún así no logras experimentar bienestar más o de una forma más estable, NO eres el problema tú, sino tu estrategia. En ACTúa te ayudaremos a cambiar esa estrategia por una más efectiva y precisa que te permita acercarte a esa vida con sentido y plenitud que deseas, sin sufrir innecesariamente.
